miércoles, 16 de mayo de 2012

AÚN NO HEMOS APRENDIDO A CONVIVIR

ALGO MÁS QUE PALABRAS

Se cumple este 2012 el décimo aniversario del Día Mundial de la Diversidad Cultural. Es buen momento, pues, para la reflexión. La campaña del pasado año se nos invitaba a fomentar los gestos sociables con los seres de nuestra propia especie, tal vez la búsqueda de un sentimiento común. Este 21 de mayo, se nos sigue ofreciendo la oportunidad de valorar la propia riqueza cultural que imprime lo heterogéneo, pero que nos requiere saber convivir con esa pluralidad que, por otra parte, cohabita con la propia vida.

Se nos señala que debemos aumentar la conciencia mundial sobre la importancia del diálogo intercultural, la diversidad y la inclusión. Por desgracia, el mundo entiende más de armas que de lenguajes, de asesinatos y de ajuste de cuentas que de acogida y hermanamientos. Es muy difícil que exista diálogo, si el abecedario de los hechos no se sustenta en sólidas leyes morales. Se dice mucho pero se escucha poco, se promete mucho pero se hace nada, falla la autenticidad en el deseo y el respeto por el diferente. Para este cambio, sin duda, sobran las palabras y se precisa más espíritu de reconciliación y fraternidad.

También se nos indica que debemos construir una comunidad de individuos comprometida con el apoyo a la diversidad a través de gestos verdaderos y cotidianos. Desde luego, es importante acentuar el auténtico papel democrático que imprimen sobre la humanidad las fisonomías dialogantes y los gestos, tales como la mano tendida. La solidaridad es un elemento clave para el desarrollo de un clima de paz. Debemos construir puentes sobre aquello que no une, como es la vida de cada uno, para crear juntos un futuro más seguro y próspero para todos.

Asimismo, se nos refiere sobre la necesidad de combatir la polarización y los estereotipos para mejorar el entendimiento y la cooperación entre la gente de diferentes culturas. Hay que ir al ser de las cosas, o si quiere al sentido común, tomar su tiempo e intentar razonar después. La cooperación entre unos y otros llega después de entenderse y comprenderse. No es suficiente con ponerse en contacto y ayudar a quienes padecen necesidad, hemos de ayudarles a descubrir horizontes que les permitan reconstruir nuevas vidas y caminar por sí mismos. Quizás el bienestar del cuerpo se implante en una buena salud, pero el entendimiento germina del saber y, la cooperación, tal vez radique en la socialización de ese saber. Sea como fuere, aún no hemos aprendido a convivir, a pesar de tantos avances y de vivir en la era de la mundialización. Tenemos que seguir conociéndonos para reconocernos, estableciendo vínculos en los modos de vida, en los sistemas de valores, en las tradiciones y creencias. Por ello, urge crear una ética común de convivencia entre toda la familia humana. Es el gran desafío actual para salir de todas la crisis, también de la económica o financiera, quizás ésta menos importante que la de la convivencia en el planeta; puesto que si no se convive corre peligro la vida, toda vida.
Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
16 de mayo de 2012.-

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