Por: Raúl Rivero Ayllón
Ni una palabra más. Manos a la
obra. Estas son las conclusiones después de tantas especulaciones (algunas,
técnicas; otras, políticas; otras, ciudadanas; y otras, de mala fe). El
tan promocionado “baipás” del Óvalo Mansiche será una realidad dentro de diez
meses (plazo contractual entre la constructora y la MPT).
En la última reunión, si bien
es cierto los técnicos y funcionarios de la MPT explicaron sobre la urgencia de
la obra y sus beneficios, no pudieron evadir la reflexión de la presidenta de
la Cámara de Comercio de La Libertad: la necesidad de socializar, en forma
anticipada y recepcionar la opinión de la sociedad civil sin distingos de
ninguna índole, antes de ejecutar una obra. En este aspecto, la presidenta
tiene toda la razón.
En todo proyecto, ahora las tecnologías
informáticas matemáticamente nos dan resultados favorables. Sin embargo, debemos
tener en cuenta que no sólo los datos numéricos determinan la factibilidad y el
éxito de cualquier proyecto. El “baipás” de Mansiche no es sólo una obra de
infraestructura, sino también social y ambiental.
Por lo tanto, no sólo son expertos
los técnicos en ingeniería, arquitectura e informática; también son los conductores,
los peatones los policías de tránsito, quienes están en capacidad de aportar su
experiencia (viven y transitan en las calles, a pié). Ésta experiencia, conjugada
con la gestión edil, podrían concebir obras que armoniosamente se orienten a la
perfección (¿Y por qué no buscarla?), en una ciudad que cada día ya no es de
los trujillanos de abolengo español.
Una de las preocupaciones
latentes, es la percepción de una política no sistémica en el tratamiento de la
problemática de seguridad vial. Ya lo comentamos en el diario La Industria, cuando
se intentó aplicar multas a los peatones infractores de las reglas de tránsito:
la seguridad vial por su misma naturaleza implica la intervención dinámica de peatones,
conductores (públicos y privados), policías de tránsito, autoridades y funcionarios
responsables de la administración pública.
Un sistema de seguridad vial considera
los componentes: infraestructura (pistas, veredas, rampas, puentes peatonales, “baipás”);
señalización; semaforización (para peatones y conductores); paraderos, sistema
de zonas rígidas; rutas para vehículos de transporte público. Asimismo, el humano
(policías de tránsito, autoridades fiscalizadoras, peatones, conductores), educación
y promoción de la cultura de la seguridad vial.
Si todo ello se cumple, la
ciudadanía valorará el impacto del “baipás” en forma favorable. En caso
contrario, será una obra más como los actuales óvalos (Mansiche, Grau, La Marina,
Mochica), de las cuales -desde que tengo
uso de razón política (década del 70)- nunca hubo tanta controversia, como en
el caso del hoy “Intercambio Vial del Óvalo Mansiche”. Sin embargo, los
ciudadanos sufrimos la afuncionalidad de dichos óvalos: no cumplen su rol en
forma idónea.
En el caso del “baipás” Mansiche
(la primera obra emblemática de Trujillo), después de entregada la obra -con
exactitud- podremos valorar su impacto: si resolvió el problema de tránsito
vehicular.
Es natural que la ciudadanía
exija obras de “calidad”. Recordemos que la calidad está dada por la “propiedad
o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. En
consecuencia, ¿quién debe juzgar si el “baipás” es o será de calidad?
Serán los operadores de la seguridad vial: conductores de vehículos (privados y
públicos), los peatones (quienes sufrimos por la semaforización sólo para
conductores), los policías de tránsito, los habitantes y representantes de
instituciones (quienes viven “segundo a segundo” el caos vehicular actual).
Por lo expuesto, la calidad de la
obra no está garantizada sólo por “el resultado del software informático” (a
decir, en forma reiterada, por los técnicos y funcionarios de la MPT). En
síntesis: el público –ciudadanos que pagamos tributos a la municipalidad- y la
opinión pública son los que determinarán la calidad de la obra.
Mientras tanto, otorguemos nuestra
confianza a la gestión edil. Recordemos que todo proyecto es una hipótesis de
trabajo y al gestor gubernamental debemos darle nuestro respaldo. Ni una palabra más.
Manos a la obra.
06.01.2013
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